miércoles, 9 de mayo de 2012

Un fin de semana en el Teléfono de la Esperanza

Corría el 2002 (año arriba, año abajo).
En la sede murciana de Ricardo Zamora (muy cercana al piso de una antigua novia), primer disgusto (que me reconocieran en el Teléfono de la Esperanza para mí resultaba casi igual que si me vieran de andero en una procesión o manifestándome en el Desfile de la Victoria): una muchacha de Caravaca a la que conocía desde que ella era niña.

De allí a las afueras de Murcia en el coche de otro de los participantes en un fin de semana de convivencia (no suena tan mal lo de fin de semana de convivencia) en un caserón que, a las afueras de Murcia, tiene el Teléfono de la Esperanza. Un caserón con menos historia que Waco pero murallas más resistentes por si al FBI le asaltaba la idea de asaltarlo.
En el coche mi fobia social y yo buscábamos un lugar donde echar un canuto a cara de perro en nada que nos dejaran un momento de esparcimiento.
Un fin de semana y para casa. Aunque después los grupos que se habían formado se reunían en la sede de Ricardo Zamora para continuar los ejercicios (no ejercicios espirituales). No fui. Mi síndrome Escarlata O'Hara no lo deja todo para mañana, lo retrasa hasta nunca...
El Teléfono de la Esperanza pretende (de su Web): "La misión del Teléfono de la Esperanza es ser una entidad de voluntariado pionera en la promoción de la salud emocional y, especialmente, de las personas en situación de crisis individual, familiar o psico-social, sobre todo, dentro del mundo hispano-lusohablante".
Leí hace unos días que el director del Teléfono de la Esperanza en Murcia ha sido imputado por abusos.  Madrid Soriano, se llama.
¿Estaba el tal Madrid Soriano ese fin de semana de 2002? No lo recuerdo. Aunque sí que el último día, en una terapia en la que participaban todos, acudió algún jerifalte. El jefe de los murcianos o su segundo o su tercero. Jefe era.
¿Qué método seguían? Primero, división en grupos pequeños... y coincido con la caravaqueña. Como su fobia social parecía menor que la mía, ella fue la que pidió que nos cambiaran. Entonces en estos grupos cada uno contaba sus experiencias a todos los demás. Algo así como comunistas asiáticos y su manía confesional: debíamos conocer todo de todos. En ese momento me sentí un poco o un mucho de falso: historias tremendas, intensísimas. Hombres de los de antes maltratados por sus padres que ahora maltrataban a sus hijos, adictos al juego, a las drogas... pero sobre todo humillados: personas que habían sufrido abusos sexuales, físicos, mentales... Admiré la voluntad (aunque una sicóloga que tuve me señalaba que la voluntad está sobrevalorada... también la simpatía, pero esto último no viene al caso), el empeño que ponían para arreglar su vida y la de la familia que dependía de ellos. Me planteé mentir, inventar alguna historia tremebunda, pero gano el yo fóbico al yo reina de las fiestas, así que me callé: con veintipocos años mis problemas nacían de la sobreabundancia, de ese hastío vital que se tiene cuando no se ha vivido.
Imagino que funcionaba el secreto de confesionario, quiero decir, el secreto profesional. Aunque todos conocemos cuán fácil le resultaba al curita acostarse con las feligresas una vez desnudas de secretos. ¿En algunos momentos la presión de los monitores podía llevar a cualquiera de los asistentes (no sé si utilizar pacientes) a confundir vivencias con su imaginación?
Como colofón, una reunión de todos los participantes. En círculo en una sala (lo de cogerse de la mano, resultaba opcional) cada participante debía situarse en el centro del círculo y expresar algo (generalmente un montón de lágrimas). ¿Psicodrama? Si supiera qué hacen los sicólogos argentinos, escribiría: "me pareció mucho de sicólogo argentino". Más y más historias, y aplausos, y más aplausos cada vez que uno se abría (se rajaba) el corazón delante de los demás. Me afeó una monitora que no participara: esas sesiones de derrotas tras derrotas debían culminar en una catarsis. Tenía veintipocos y no había sufrido como ellos: recordaba, eso sí, a Freddie Prinze Jr. en Alguien como tú, en una actuación de teatro experimental, dándole patadas a una pelota (hacía el papel de deportista) y exponiendo sus neuras. Pero no se trataba de eso y sentí tristeza porque en mi grupo había mucha gente simpática que deseaba me sirviera para algo ese fin de semana en el Teléfono de la Esperanza. Y lo hizo: ellos tenían problemas de verdad; lo mío con una miaja de sexo y unas cerves con los colegas se quitaba ("se te quita tanta tontería", que diría un amigo).
¿A los demás participantes les sirvió? En mi opinión este método solo (o generalmente) crea dependientes emocionales. Personas enganchadas a otras personas o sustancias que acaban enganchadas al Teléfono, como se puede estar a una Iglesia, una tribu urbana, una secta... Sustituyen una adicción por otra. Conozco algún voluntario del Teléfono de la Esperanza. Ayuda en su rato libre tras un periodo de formación. Buena gente. Pero un depredador (o una depredadora) encontraría su hábitat natural en ese Teléfono de la Esperanza que hurga los secretos más recónditos e incita a tantos vaivenes emocionales en tan poco tiempo.
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5 comentarios:

Kris dijo...

increible, tu relato parece sacado de mi historia, lo unico que en vez en el sur, es en el norte. Como tu fui a uno de esos cursos buscando no se que, como tu alucine en colores con los testimonios de la peña, tbn buscaba un lugar tranquilo donde fumar un petilla a cara perro,tampoco fui a los ejercicios posteriores, tbn flipe cuando lei la noticia y tbn pienso ke esos metodos no llevan a sitio bueno.

Gracias por compartir tu historia. ¿no has pensado que podria haber ocurrido si hubieses terminado el proceso de formacion?

Jaime Parra dijo...

Hola Kris,
Temo de pensar que hubiera pasado de haber continuado con lo del Teléfono de la Esperanza. Aunque ahora lo cuento con ironía, a esa edad era muy influenciable.
Si has seguido día a día la noticia, el tal Madrid reconoce que tuvo una relación con las mujeres aunque no que existieran abusos. Ya lo han expulsado (o dimitido) del Teléfono de la Esperanza. Pero me extraña que no del colegio de sicólogos.
Un saludo, Jaime

Anónimo dijo...

El fin de semana pasado hice un curso titulado educadores hoy,promovido por el teléfono de la esperanza de Murcia. El contenido era interesante. Aparecieron conceptos como la escucha activa,mensaje del tú, mensaje del yo, concertación...
Lo que me chirrió desde un principio fue lo siguiente:
- había sanciones de dos euros para quienes llegasen tarde, al inicio o tras los descansos,pese a que la inscripción en el curso era de 20€ y luego ,el último día pasaban un sobre con tu nombre para aportar la voluntad.
- ningún ponente dijo en ningún momento que lo que allí se decía era una forma más,una opción distinta, de abordar los problemas.Simplemente me olió a impartir doctrina, a verdad absoluta(es una impresión personal).
- después del curso hay una sesión semanal (durante 10 semanas) en pequeño grupo done hay que llevar comentado por escrito una serie de folios que desmenuzan el contenido del curso. Finalmente habrá dos sesiones de convivencia.(supongo que pedirán alguna aportación voluntaria para la ong).
-Había altas dosis de buena voluntad en los colaboradores allí presentes ,pero mucha rigidez mental en los más antiguos de la organización(es una impresión personal).
-la mayoría de las personas que estábamos allí buscábamos solución a problemas concretos o llenar unas inquietudes,como comprobé cuando a veces nos reuníamos en pequeño grupo, durante los tres días que duró el curso.

No es mi intención hablar mal de nadie,pero mi chirriaron demasiadas cosas que relaciono con casos y situaciones que conozco de personas que han estado en sectas.

Un cordial saludo

Anónimo dijo...

Veo que tu entrada ya tiene tiempo pero yo ahora estoy sufriendo las consecuencias de tener dos hermanos en " el teléfono de la esperanza" han hecho que perdiera mi negocio y toda relación con mi familia incluido mi madre, actúan con crueldad sobre los que nos "atrevemos a cuestionar su doctrina, todo empezó como un lugar donde iban a relacionarse y buscar apoyo en otras personas pero al poco tiempo su personalidad se fue transformando, y hoy no los reconozco, ya he llegado a un punto en el que no me importa perderlos para siempre pero no consigo que me dejen en paz e intenten arruinarme a mí y a mi familia, todo por que no soy de su "familia estelar", Tampoco tengo posibilidad de denuncia ya que se esconden bajo la identidad de ONG, perdona que haga el comentario como anónimo

Anónimo dijo...

Yo me apunté para ser voluntario y también flipé. Me coincidió con un tiempo que estaba yo bajo de ánimo y me dijeron que no podía ser voluntario de momento (soy psicólogo), que siguiera haciendo cursillos y que a lo mejor más adelante. ¡Qué favor me hicieron!. Gente muy echa polvo gritando sus miserias que ni en el DSMV de psiquiatría aparecen reflejadas. En fin ¿de qué va todo?. No lo sé.