sábado, 7 de noviembre de 2009

Apuntes sobre el cine negro norteamericano y recomendaciones


Como género, el cine negro es el más difícil de catalogar. De pequeño, sin embargo, la respuesta era instantánea: cine negro son las películas de Humphrey Bogart. Y, si uno se quedaba con el nombre del director, podia llegar un poco más lejos: también son cine negro las películas de Raoul Walsh, Howard Hawks y John Huston. Películas de detectives privados y gangsters.


El concepto "cine negro" no existía para los anglosajones. Sus primeros teóricos fueron los franceses (Nino Frank) por lo que es más usual llamarlo film noir: tras la II Guerra Mundial, con los soldados norteamericanos todavía en Francia, llega una avalancha de novelas y películas negras, tanto por los tintes sombríos y lo duro del contenido como por el hecho de que la portada de las novelas fuera de color negro.
La década de los 40 fue la mejor, si bien está considerada Scarface (Howard Hawks, 1932) como su película fundacional.
El género negro lo abarca todo: desde la crónica de sucesos a la novela negra; del biopic sobre un delincuente hasta el delito como objetivo común de una banda o un grupo; el reflejo de una época como la Gran Depresión o la Ley seca. Por añadidura, el género negro se confunde, engloba otros como el melodrama. La manera más sencilla de distinguir el negro del policíaco es observar a los personajes. En el policíaco clásico no hay dudas sobre quién es el bueno y quién el malo. Sin embargo, en El halcón maltés (John Huston, 1941), Sam Spade entrega la chica que ama a la policía. Pero uno duda qué hubiera ocurrido si el halcón fuese auténtico.
Los guionistas y directores de cine negro fueron de los primeros en ser acusados de rojos por la extrema derecha norteamericana: a parte de su mayoritario origen centroeuropeo (emigrados a Hollywood a causa del nazismo), comenzaron a hacer cine durante la Roosevelt, una administración liberal que no quería o no podía ocultar la realidad social de la Depresión. El negro adquirió desde sus comienzos un carácter de denuncia sociopolítica, retrataba la inmoralidad política y social. Además, se hacía eco del marxismo, del psicoanálisis y de cualquier ciencia social que explicara las reacciones del individuo o del grupo en la sociedad. Un cine pesimista, determinista, donde el sueño americano de ascenso social deviene en burla. Incluso para quien llega a la cima del mundo, como James Cagney en Al rojo vivo (Raoul Walsh, 1949).
Los autores centroeuropeos (Preminger, los hermanos Siodmark, Wilder y, por encima de todos, Fritz Lang) trajeron un estilo neoexpresionista que enfatizaba el uso de la angulación y la luz. La Warner fue su gran productora: operadores, iluminadores, músicos, pasaan de una película a otra. No es extraño, por anto, que algunos aficionados al cine sepan, tras unos pocos planos, si un film es de esta productora. El público comenzó a exigir películas de mujeres fatales y hombres violentos y muchos actores que no respondían al nuevo canon dejaron de ser útiles. Caso paradigmático es el de Leslie Howard, una estrella de los años 30 y de quien Vivien Leigh se enamoraba en Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939): era demasiado blando para darle la réplica a George Raft o Edward G. Robinson. El cine negro era realista, o hiperrealista, pero no a la manera europea del Umberto D (De Sica, 1952) o de Alemania, año cero (Rossellini, 1947). Es más, muchas de esas películas mitificaban a ladrones y asesinos. Éstos se permitían unas acciones impensables para la moral de la época. Aunque al final siempre pagaban, incluso deseamos que mueran antes que verlos en la cárcel de por vida (la frase "muere joven y deja un bonito cadáver" se la dice John Derek a Bogart en el film de Nicholas Ray, Llamad a cualquier puerta, no pertenece como suele creerse a James Dean). A veces los redime un gesto final.
Si interpretar a estos personajes resultaba divertido para los actores, ¿qué decir de las actrices' El cine de Hollywood clasíco perpetuaba una sociedad patriarcal, donde la mujer sólo valía para esposa abnegada o novia del protagonista. El único género, comedia aparte (sobre todo la screwball, donde se presenta una mujer moderna, las llamadas flappers, con el rostro de una Carole Lombard), que les permitía interpretar personajes fuertes, que toman decisiones y las llevan hasta el final, es en el negro, donde pueden mostrar una sexualidad desbocada, escogiendo el papel de mujeres fatales. Estas mujeres que mienten, roban o asesinan forman parte de una historia underground, feminista del cine. Son las Bette Davis, Lauren Bacall, Barbara Stanwyck o Joan Bennet. La carta (Wiler, 1940), La senda tenebrosa (Delmer Daves, 1947), Perdición (Wilder, 1944) y La mujer del cuadro (Lang, 1944) son buena prueba.
Para terminar quisiera recomendar mis tres películas negras favoritas: Retorno al pasado (Tourneur, 1947), con Robert Mitchum y Jane Greer (su primera aparición en la película es espectacular). Esta película es de un director subestimado como artesano cuando ha dirigido La mujer pantera (1942) y El halcón y la flecha (1950). Mis otras películas favoritas son Los sobornados (Fritz Lang, 1953), igual de buena o superior que las de su mitificada etapa alemana, y En un lugar solitario (Nicholas Ray, 1950), donde Bogart interpreta a un guionista de cine. Las dos tienen en común una estupenda Gloria Grahame, aunque, curiosamente, no como mujer fatal.

Esta es una aproximación, quien quiera adentrarse en el cine negro, aunque acaba siendo un estudio subjetivo, puede hacerlo con el libro de Nöel Simsolo: El cine negro, publicado por Alianza (aquí una reseña).
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2 comentarios:

Bandolero dijo...

Podemos completar esta lista con Forajidos (1946), de Robert Siodmak con una Ava Gardner deslumbrante; El beso mortal (1955) de Robert Aldrich, una de las favoritas de Guillermo Cabrera Infante, y obra sobresaliente de las películas de serie B; Rififí de Jules Dassen, para demostrar que el género no es sólo américano y por último otra de Lang: Mientras Nueva York duerme (1956).

Jaime Parra dijo...

Hola. Coincido con tus películas, sobre todo con Mientras Nueva York duerme, a la espera de Rififí que todavía no la he visto.