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viernes, 26 de noviembre de 2010

La política como globo sonda

En el Gobierno de España (y también en el regional: recuerden hace unos meses cuando Valcárcel aseguró una Ley de Defensa del Profesorado pero al día siguiente advirtió que no lo llevaría en su programa, no fuera a perder voto joven) se vive como algo natural lanzar primero globos sonda a la prensa y luego, e inmediatamente, rectificar al darse cuenta del disparate: la última ha sido la de Leire Pajín sobre el maltrato (junto a propuestas razonables, como que el asesino no pueda heredar a la víctima, otras jurídicamente inconsistentes como la de quitar la custodia al presunto maltratador sin que haya sentencia en firme). Pero la mayoría de las propuestas económicas del Gobierno se han filtrado primero a los medios y después tras la indignación se han rectificado.
Entre un Gobierno incapaz de hacer una política que no reciba la bendición de la empresa y los medios y una Oposición que todavía no ha explicado cómo va a gobernar, en qué vamos a mejorar, lo mejor, como cantaban Reincidentes: Vota Nadie: voto útil, mayoría real.

sábado, 16 de octubre de 2010

De (de)generación en (de)generación: Aznar y Leire Pajín



Leire Pajín, ex ministra
Es habitual que los hijos y los nietos se opongan a los valores de sus mayores. A partir de los 60, sobre todo, con la generalización de los estudios universitarios (además de la protesta generacional) por lo menos en Occidente ocurrió que los hijos estaban mucho más preparados intelectualmente que los padres.

jueves, 20 de agosto de 2009

Carnés de buenos y malos

Me enseña la hermana de mi abuelo la foto de sus bisnietos barceloneses: ha vuelto a Caravaca de vacaciones y está contentísima porque su familia catalana conozca dónde nació. Como tantos, emigró a tierras más ricas durante el franquismo. Allí rehizo su vida que, desde entonces, ha sido un constante retorno a sus orígenes. No fue sólo ella: en el franquismo se produjo la mayor emigración interior de la historia de España. Así se crearon vínculos fraternales entre los distintos pueblos (aunque fuera en el hambre, en la falta y el ansia de libertad) que los partidos independentistas tratan de destruir. Aunque, curiosamente, han logrado otro objetivo: los dos grandes partidos nacionales se dedican también con ahínco a la «noble» destrucción.