miércoles, 11 de agosto de 2010

Chaves Nogales y la agonía de Francia


"Pregúntale si nos llevamos también los cadáveres norteamericanos de los cementerios de las playas de Francia". Algo parecido le dijo un irritado Johnson a su embajador en Francia respecto a la política exterior de De Gaulle. El Presidente de Francia todavía se comportaba como si su país fuera una potencia, conservara algo de grandeur. Era mentira, podía mantenerse equidistante entre la Unión Soviética y Estados Unidos porque sabía que estos últimos nunca permitirían que los rusos llegaran al Canal de la Mancha.


En 1919 todavía los franceses tenían cierta grandeza. En esas fechas los norteamericanos comenzaron a arribar a Europa para enfrentarse a la amenaza germana. Uno de sus generales, más tarde el más renombrado, Patton, cuando pisó su suelo por primera vez gritó: "Lafayette ya estamos aquí".
Pero en 1930, en 1940 y de ahí en adelante Francia no era nada: mistificación y mitificación de su Resistencia, una broma comparada con los partisanos de Tito, por ejemplo. Hasta los republicanos españoles y los colonizados argelinos se batieron por Francia, o mejor por una idea de una Francia que ya no existía, que los derrotistas franceses.
 El periodista español Chaves Nogales huyó a Francia en 1937. Próximo a Azaña le repugnó enseguida una Guerra Civil en la que la primera asesinada fue la democracia: "«Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos: para un español quizá sea eso un lujo excesivo».
La agonía de Francia, su explicación sobre la caída de Francia, comienza en un barco desde el que huye a Inglaterra. Ha visto cómo las nuevas autoridades francesas entregaban a los judíos, a los antifascistas, deportaban a Alemania a los alemanes que combatieron el nazismo... Amaba la Francia democrática, la de la Declaración de Derechos, pero la doble experiencia de la Liga derechista de 1934 y el Frente Popular izquierdista de 1936 habían dividido profundamente el país: "Los ciudadanos no se asesinaban unos a otros -como habían estado haciendo gozosamente los españoles- [...] porque la gendarmería no había perdido su eficacia". Las clases dirigentes fracasaron. Pero sobre todo fracasó la masa. Aunque hay que entender que Chaves Nogales no entiende por masa el proletariado, sino el pequeño burgués, los menestrales, el agricultor, las profesiones liberales. Estas personas han dejado de creer en la democracia y sí en el fascismo y el comunismo. Ésta es la mayor lección de Chaves Nogales: la democracia sí puede oponerse a los totalitarismos, solamente que en Francia había apariencia de democracia, agusanada por los patronos que esperaban que el fascismo reprimiera a los obreros y también por éstos que esperaban la dictadura del proletariado.
Aunque para Chaves Nogales los franceses se movilizaron con entusiasmo para la guerra (los obreros y comunistas los primeros, sacrificaron mejoras sociales que habían obtenido en los años anteriores para sumarse al esfuerzo de guerra). Pero lo que se llamó drole de guerre (guerra de broma), que duró nueve meses, minó totalmente la confianza francesa. Los comunistas y los fascistas en virtud de su pacto llenaron Francia de propaganda derrotista. Las mujeres, las primeras. Luego los empresarios que no querían hacer una guerra por Inglaterra; los intelectuales; y, por último, los comunsitas que, siguiendo la falsa lógica de la historia (y en muchos casos las consignas de Moscú, aunque Chaves Nogales destaca también la guerra civil que se vivió entre comunistas patriotas e internacionalistas), esperaban que una guerra entre capitalistas condujera al triunfo del marxismo. Fueron esos meses parapetados tras la Línea Maginot lo que marcó la derrota de Francia.
El libro de Chaves Nogales lo escribió en Inglaterra antes de su muerte en 1944. Demostró ser un observador perspicaz: advirtió sobre la inutilidad de evacuar las ciudades en la guerra total, el daño que produce el egoísmo en forma de acaparación de alimentos, que la guerra aérea tiene más efectos sicológicos que materiales (cree que los madrileños se hubieran reído de los parisinos y su miedo), que puede desaparecer un país pero no paralizarse una ciudad (los primeros alemanes que entraron a París fueron agentes de tráfico) y que es necesario pagar un precio alto de sangre en la guerra (nada de parapetarse tras líneas defensivas para ahorrar víctimas).
Solamente en este punto creo que Chaves Nogales no aprecia lo suficiente el baño de sangre que supuso para los franceses la I Guerra Mundial y sus famosos ataques casi suicidas. Ni tampoco, en su anglofilia, criticó a los británicos por no haber apoyado a Francia en la década de los 30 cuando Hitler se saltaba uno por uno los puntos de Versalles.
Xavier Pericay, quien prologa el libro, compara a Chaves Nogales con Orwell y Camus, los dos también periodistas y lúcidos críticos del totalitarismo de derechas o izquierdas.
Una cita puede resumir su pensamiento: "El único pecado de la democracia ha sido no aniquilar esas fuerzas de destrucción antes de que provocasen la rebelión de las masas estimulando sus más bajos instintos".
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2 comentarios:

@Melalal dijo...

Supongo que alguien que escribe esta interesantísima. entrada ya conocerá este artículo de Muñoz Molina "Chavesnogalismo" http://antoniomuñozmolina.es/2012/12/chavesnogalismo/

Respecto al contenido del post, discrepo en parte con la critica a Inglaterra. La política de apaciguamiento mantenida por el gobierno de Chamberlain fue un desastre que alimentó a la bestia nazi pero a Munich también acudió Daladier, no lo olvidemos. Por otra parte, lo mismo en Inglaterra que en Francia hubo quien alzó la voz contra ese grandísimo error -hubo también quien lo apoyó- pero, si pensamos en términos de naciones, es Francia quien más avergonzada debería estar con su comportamiento en la Segunda Guerra: Vichy, el trato dado a los refugiados españoles, el estatuto de los judíos... Una ignominia tras otra. Al menos los ingleses, a su equivocado comportamiento anterior, opusieron después la determinación que tan bien representó Winston Churchill.
Un saludo.


Jaime Parra dijo...

Buenas tardes,
no lo había leído aunque ya lo he remediado. Siempre ha estado Muñoz Molina entre mis favoritos y por él conocía a Chaves Nogales.
A veces me puede la anglofilia, pero en una Inglaterra ocupada dudo que su comportamiento hubiera distado del de la Francia de Vichy. No hay que buscar entre los británicos nazis, creo que el propio Lloyd George mostró sus simpatías por Hitler. Un saludo, Jaime