
Hollywood, casi siempre atrasada respecto a la sociedad norteamericana, asumió el cambio generacional, la rebeldía juvenil, con tres iconos: Marlon Brando en Salvaje (1953); James Dean en Rebelde sin causa (1955) y Elvis Presley en El rock de la cárcel (1957). James Dean murió demasiado pronto; Elvis se convirtió al tiempo en un cantante para padres e hijos; y Marlon Brando, hasta el final, fue inclasificable. Ninguno de los tres fue el Peter Fonda de Easy Rider. Pero 1969 ya entraba en una resaca: la generación del baby boom no llevaría a cabo ninguna revolución pacífica (la mayoría al tiempo acabó convertida en sus propios padres, en el Man al que se cantaba...) y en los 70 los restos de revolución se tiñeron de sangre.