Raras veces, pero sucede: pulsar play y, mientras pasan los títulos de crédito, sabes que vas a ver una película especial.
Es el caso de Anatomía de un asesinato (1959): los títulos de crédito de Saul Bass (Vértigo, Psicósis, Seconds...); James Stewart (en un papel y una película que su padre consideraba de mal gusto), la morbosísima Lee Remick; dos actorazos como Ben Gazzara y George C. Scott; la dirección de Otto Preminger... y la música de Duke Ellington.