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miércoles, 27 de mayo de 2015

Contra la memoria, de David Rieff

El reportero David Rieff escribió "Contra la memoria" tras vivir de cerca (en las colinas de Bosnia) cómo puede afectar la memoria histórica colectiva al presente, en un tiempo además en el que "la industria de la memoria", como la denomina Pierre Nora, se sobreestima y se menosprecia la historia (esta última trata de establecer la verdad, mientras que la memoria suele instrumentalizarla para sus intereses, bien de clase, de raza, nacionales...), una sociedad que por añadidura vive ensimismada en una cultura de la queja.
Breve ensayo en el que, en primer lugar, duda del valor del término "memoria histórica colectiva": “Simplemente no se puede conjugar el verbo recordar en plural a menos que nos refiramos a los que presenciaron lo recordado, pues recordamos en cuanto individuos, no como colectividades”.

domingo, 17 de febrero de 2013

Juegos peligrosos. Usos y abusos de la historia, de Margaret MacMillan

"Aunque el estudio de la historia no consiga enseñarnos más que humildad, escepticismo y conciencia de nosotros mismos, habrá hecho algo útil. Debemos continuar examinando nuestras suposiciones y las de los demás y preguntarnos: ¿cuáles son las pruebas? O bien: ¿existe otra explicación? Deberíamos mostrar cautela ante las reivindicaciones grandilocuentes en nombre de la historia, o ante aquellos que aseguran haber descubierto la verdad de una vez para siempre. Al final, el único consejo que puedo dar: es úsela, disfrútela, pero trate siempre la historia con cuidado".

lunes, 12 de septiembre de 2011

11-S: ¿daban Friends por televisión?

Hice un esfuerzo consciente por no pensar ni leer sobre el 11 de septiembre de 2001 este fin de semana (ni tampoco sobre ese 11 de septiembre alternativo (parece que hay que escoger) en Chile. O el de Cataluña.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Auswitch o Hiroshima: el precio de la culpa, de Ian Buruma

Auswitch o Hiroshima. Verdugos o víctimas.
Simplificación de la remanente que la II Guerra Mundia ha dejado en Alemania y Japón.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Dónde el 23 F?


Lo más divertido los últimos años de esta conmemoración del 23 F son todos los libros revisionistas que parten de la base de que el Rey fue culpable. Además, venden. Jesús Palacio es el autor que más ha insistido, y el que con más gracia lo hace. 

lunes, 2 de noviembre de 2009

Rusia y Europa del Este

Más de 20 líderes de 16 países y miles de ex combatientes participaron el 6 de junio en las conmemoraciones del desembarco de Normandía y, posteriormente, del fin de la II Guerra Mundia. En el tono general de las celebraciones nadie dudaba que la II Guerra Mundial y el genocidio nazi son irrepetibles.
Sin embargo, el comienzo de la guerra, es decir, la invasión de Polonia no fue solamente alemana, también los rusos la invadieron. Ahora el primer ministro Putin pone al mismo nivel ese pacto, el Ribbentrop –Molotov, que los acuerdos de Munich de 1938. Por esos acuerdos los aliados permitieron que Hitler ocupara los Sudetes checos. Son uno de los mayores actos de cobardía de la historia, pero no un crimen como el ruso.
No creo en el perdón histórico. Cuando alguien clama porque los españoles pidan perdón a los indios americanos, los blancos norteamericanos a los negros o la Iglesia a casi todo el mundo, parece que olvida que los crímenes no pasan de padre a hijo. ¿Pero qué ocurre cuando alguien se declara abiertamente heredero de otro, su sucesor? Porque algo parecido está ocurriendo en Rusia: Stalin vuelve a mirarse como un gran patriota, el área de influencia rusa intenta ser la soviética, en los libros de texto mienten a los escolares, etc.
Tomemos el último caso, el de los libros de historia para escolares y la mentira. Millones de niños crecerán sin saber qué ocurrió en Katyn.
Katyn podría compararse a Paracuellos, y muchos historiadores de derechas o los llamados revisionistas lo hacen, o a Guernica en cuanto a la mentira. En los bosques de Katyn asesinaron a veinte mil polacos: oficiales, sacerdotes, artistas… Esto lo acercaría a Paracuellos, pero a escala industrial. A Guernica lo acerca el hecho de que los soviéticos echaran la culpa a los nazis y que todavía sesenta y nueve años después Rusia se niegue a reconocerlo.
Pero no es sólo la Historia, aunque el presidente Medveded rápidamente saltó a un intento del Parlamento Europeo de equiparar comunismo y nazismo. Dejemos aquí este tema y pasemos a la política exterior rusa y por qué es un vecino tan incómodo. En los últimos años se han producido en varios países de la antigua Unión Soviética las llamadas revoluciones verdes que buscan un acercamiento a Europa Occidental, a sus instituciones y modos de hacer política. Bien, la respuesta de Moscú siempre ha sido la de tratar de impedirlas: desde cortar los recursos energéticos hasta hacer exhibición de armas. En Georgia incluso apoyando y permitiendo la independencia de una parte gracias a sus armas.
Esta nueva política rusa, que no se produjo ni con Gorbachov ni con Putin, ha tenido una consecuencia importante para la construcción europea. Los países del Este se han alineado siempre con Estados Unidos (los checos y polacos son un ejemplo) y dejado a un lado a la Unión Europea porque no se fían. Prueba de ello es el apoyo mayoritario a la guerra de Iraq y al escudo antimisiles. Su desconfianza hacia los europeos tiene mucho que ver con nuestro fracaso en los Balcanes o el seguidismo que hace Alemania de la política rusa. Sin embargo, la llegada de Obama ha cambiado las cosas en un punto importante: ha decidido no continuar con el proyecto del escudo antimisiles. Necesita a Rusia para Irán y éste ha sido el trato. El escudo antimisiles no tiene demasiada importancia real porque la mayoría de los expertos aseguran que no sirve. Pero sí la tiene simbólica: una vez acabada la Guerra Fría, Europa es un continente sin importancia estratégica. El mundo mira hacia China, hacia la India o los países árabes y el gran Mister Marshall mira hacia allí.
Época de miedo e incertidumbre para la Europa del Este, pero también una oportunidad. El 1 de diciembre entró en vigor el Tratado de Lisboa, que no es una Constitución ni mucho menos, pero que es un camino para una unión más real, aunque, además de los británicos, sean los países del Este los más escépticos. El nacionalismo moderno surge de las guerras, del enemigo exterior, así fue el caso de los franceses cuando defendieron su revolución o de los españoles cuando batallaron por su patria contra estos mismos franceses. Esperemos que la amenaza rusa y la indiferencia Norteamérica nos lleve a la conclusión de que somos países pequeños en un mundo globalizado y que necesitamos una política exterior y de seguridad común si queremos convivir con las grandes potencias.
O simplemente subsistir al ataque continuo de los mercados.

sábado, 8 de agosto de 2009

La memoria histórica reinventada: un artículo de Santiago Gonzále sobre María Teresa Fernández de la Vega

Lo malo de la memoria, aunque sea la de una sola persona y no conforme eso llamado memoria histórica, es que falla: nos miente a sabiendas y nos miente sin saber. Años después de la II Guerra Mundial, en una encuesta a italianos que vivieron el fascismo le preguntaban sobre el nivel de vida que les había traído: un porcentaje importante señalaba que se vivía mejor. Pero los datos de la época les decían a los historiadores que lo que creían los italianos era mentira.