viernes, 18 de diciembre de 2009

Guerras justas

Estuvo bien el Presidente de Estados Unidos en su discurso de aceptación del Nobel de la Paz. Y no era fácil, sobre todo en Europa, donde se espera que Obama sea también de Venus.

«La guerra sí que tiene un papel que desempeñar en la preservación de la paz», dijo. Y, si hubiera sido Bush hijo o Aznar, los académicos noruegos se habrían levantado y dejado con la palabra en la boca al Sheriff Mr. Marshall.
Obama, después de reconocer (no como en España) que sus soldados luchan en un país lejano y que «Algunos matarán. A otros los matarán», habla de guerras justas e injustas, concepto que leí por primera vez a Michael Walzer (una reseña en El Cultural de su Guerras justas e injustas). Las injustas son evidentes: las que se ceban con la población civil, en las que se utilizan armas de destrucción masiva y las guerras preventivas. Entiendo que llamar a una guerra realmente justa es complicado, al igual que guerra humanitaria, como lo hace Bernard Kouchner (un progresista expulsado del paraíso de los bienpensantes cuando apoyó la invasión de Iraq). La guerra, como la mayoría de los actos propios del hombre, vive en los claroscuros: apoyamos los bombardeos contra Milosevic aunque nos herían las imágenes de los llamados «daños colaterales», defendemos la intervención en Afganistán pero nos repugna que Karzai haya aprobado casi a escondidas una ley contraria a los derechos de las mujeres chiítas. No a todos, claro. Nuestro Gobierno, nuestro Ministerio creado ex profeso nada opina: para qué. ¿De quién es el dinero y la sangre que se derrama en el país del opio?
«Aquellos que buscan la paz no pueden permanecer sin hacer nada mientras los países se arman para una guerra nuclear». Nuestro presidente Obama habló de Corea e Irán, pero como estaba en Noruega, Europa, ya saben, apuntó también al clima, al que es de prever que no le declarará la guerra. O, a tenor de esta frase, quién sabe: «Por esta razón, no son sólo científicos y activistas quienes piden un cambio y acciones enérgicas, son líderes militares en mi país y otros que entienden que nuestra seguridad común pende del equilibrio». Falto que brindara el toro a los académicos.
Post anterior sobre el libro Guerra: el origen de todo de Victor Davis Hanson.

PD. Michael Walzer también se ha preocupado sobre la guerra y el terrorismo: una reseña.
PD2. Desde que premiaron a Obama los académicos, parte de Oriente se encuentra en llamas: Libia, Siria, Yemen... Los acuerdos petrolíferos de los rebeldes libios con los europeos ya se han filtrado, ¿cambia esto el hecho de que se tratara de una guerra justa? ¿Lo cambia el hecho de que Gadafi, tras ser el enemigo público número uno de Occidente, se hiciera después colega de Aznar... y Zapatero también le riera las gracias? Si Europa no apoya (que debiera) una transición, pacífica o violenta, en Arabia Saudí ¿significa que cualquier apoyo a otros rebeldes, no utilicemos el término "demócrata" hasta que no lo sepamos, es inútil por una especie de pecado de origen?
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1 comentarios:

Rubén dijo...

Dices bien: qué difícil deslindar la "justicia" de una guerra, como la "justicia" de una ejecución. Es curioso, que anoche estuve yo también dándole vueltas a un raro concepto, que entiendo pero que me perturba. Leo un volumen sobre las atrocidades médicas de los nazis en sus campos de exterminio, y se hablaba de los juicios de Nuremberg. La comentarista traía a colación el hecho de que los actos de los médicos criminales nazis violaban "las leyes y normas de la guerra". Tragué saliva. Mi cerebro y mi estómago comenzaron a trabajar sin coordinación. Leyes y normas... de la guerra. Menudo tema para reflexionar. Legislamos la repugnancia.