jueves, 9 de febrero de 2017

Pueblos abandonados

Benizar (foto Ana Rosa Moreno)
“Es muy importante facilitar el desarrollo rural si no queremos tener una Europa de ciudades mega pobladas y pueblos abandonados”.
Moratalla se encuentra (junto a Aledo, Ojós, Ricote y Ulea) entre los municipios de la región que han perdido habitantes entre 1999 y 2015, según un informe de la FEMP.
La cita que abre el artículo pertenece al Vicepresidente del Parlamento Europeo, que durante cerca de veinte años (1995 -2014) fue Presidente de los murcianos, incluidos los moratalleros.”. 
Es en su época, la del urbanismo residencialista en España (como la llama el ensayista Sergio del Molino), en la que no se frena, a pesar de la inyección europea de Fondos Leader, este declive rural.

El declive rural (expresado por los geógrafos en un un modelo con forma de círculo vicioso), es común a toda Europa, y amplias zonas de España nunca han estado pobladas. 
Sin embargo, otros países europeos han conseguido retener e incluso atraer a algún que otro urbanita despistado a a sus zonas rurales.
Han logrado romper ese círculo vicioso que puede expresarse así: al mecanizarse, el sector agrario requiere menos mano de obra; por lo que los jóvenes, sobre todo las mujeres, emigran a la ciudad; en el pueblo por tanto se reducen los servicios y se deja de invertir en infraestructuras; se crean menos empresas por lo que disminuyen también los empleados no agrícolas, que también se marchan. Si no se sale de este círculo vicioso, solo quedarán en él los ancianos, siempre y cuando aún se mantengan servicios básicos, principalmente la sanidad (que es la reivindicación más importante de Benizar y su comarca).
Y en Benizar o El Sabinar, pensarán; “su conversión o preocupación por los pueblos abandonados llega tarde pero bienvenida sea si con ella trae de Bruselas dinero contante y sonante”.
Porque la gran nevada de enero de 2017 nos ha recordado la urgencia de mejorar las carreteras que comunican las pedanías y la necesidad de urgencias presenciales en ellas las veinticuatro horas. Nos ha recordado al resto de murcianos, que allí bien lo saben, y se movilizan, aunque de su protesta poco eco nos hacemos.
Porque insistimos, aunque el problema sea general en el Viejo Continente, en la región responsabilidad tuvo el (ante) anterior Presidente, como tiene el de ahora: mejores infraestructuras y una sanidad digna son competencia suya.
Cuando las carreteras son un peligro y enfermar una temeridad, ni los abuelos querrán quedarse, aunque tengan todos los recuerdos y todos los antepasados enterrados en el cementerio del pueblo, ni los padres mudarse con sus hijos, por más que hace dos legislaturas se estrenaran unos columpios en breve oxidados.
El que fuera Presidente, desde su residencia en Bruselas, da una clave del porqué en otros países se frenó el declive rural: consultar a los vecinos, consensuar con ellos las medidas para revitalizar el pueblo. 
Lástima que tuviera que marcharse a Bélgica y conocer esas ciudades de perdición europeas para aprender la lección, para añorar y preocuparse por la aldea.
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