viernes, 18 de junio de 2010

Políticos arribistas

Joan Laporta
Personajes pintorescos que han tratado de conseguir más poder o inmunidad, como Ruiz Mateos, Jesús Gil, Joan Laporta, siempre han existido en España. En el pasado fracasaron. Pero la sensación ahora es que el tonto del pueblo puede llegar a Alcalde porque su vecino ha decidido responder a la necedad política con su propia patochada. 
Como en la transgresión de los antiguos carnavales, cuando el rico se travestía de pobre o la virgen de prostituta, el pueblo soberano votará al que ha robado a la empresa, al que maltrata a su mujer o al defraudador de Hacienda. Ya lo verán: el antiguo arribista llevaba el carné del PSOE en un bolsillo y el del PP en el otro (regalos de comunión para nuestros hijos: afiliación a partidos políticos); el trepa de nuevo cuño ha abandonado su militancia. Con la ferocidad del converso cambia de partido político -casos hay en mi pueblo- y escupe sobre su anterior partido e ideas cuando era el primero en husmear entrepiernas como los perros para obtener unas migajas de poder: tal vez hasta soñara con ser Concejal de Urbanismo u Obras y Servicios y se relamiera pensando en que lo untaran.
John Cobra
La política no es tan distinta de la televisión, es más, la primera imita a la segunda. En Eurovisión un participante, John Cobra, insultaba al público, a sus contrincantes, a los presentadores, que pedían, por favor, que no lo votaran. Daba igual, la peña le reía la gracia y le apoyaba. 
Tal vez sea el futuro de la España política. ¿Pero qué hacemos los periodistas con personajillos así? Uno de nuestros objetivos es dar voz a los sin voz, pero en ningún caso convertirnos en voceros de quienes rebajan la democracia por necedad o corrupción. Para ellos, el circo o la cárcel.
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1 comentarios:

Rubén dijo...

Sí, es el grave dilema. ¿Qué se hace en las democracias con quienes son túmulos cancerígenos de la democracia? ¿Darles cancha? ¿Ignorarlos? ¿Combatirlos? Vive Dios que es ardua tarea responder a esa cuestión