martes, 7 de junio de 2011

La herencia del pasado, de Ricardo García Cárcel


"Y es que detrás del morbo del pasado, que decía Ferrater Mora, se esconde el viejo problema de la indefinición de la propia identidad nacional".
Ricardo García Cárcel estudia en La herencia del pasado las distintas memorias de España o las Españas. En el primer capítulo ya distingue entre memoria (usos y abusos) e historia, las recientes polémicas, la memoria impuesta por las leyes y, no lo más importante, pero sí de más actualidad: parece que en España la memoria histórica tiene que ver exclusivamente con la triada República, Guerra Civil, Dictadura... o, a lo sumo, 1812, como si en ese año se fundara la nación española. Son los de la memoria a corto plazo, que han sustituido a las de largo plazo (igual de disparatado sería pensar que Viriato fue español, por ejemplo).
Antiguamente ya discutían los cronistas entre una memoria histórica indigenista, romanista o gótica, teniendo cada autor su preferida y cambiando la postura oficial (si existía) con los años. La unidad de España, por ejemplo, de Isabel y Fernando, cuando no hubo tal unidad. Aunque también es cierto que los Reyes Católicos dudaron si asumir el título de Reyes de España (que aparece en alguna crónica) o la sucesión de títulos, que al final adoptaron. El papel de la lengua, de la religión, si el Imperio fue una idea española o algo sobrevenido... Distintos autores y distintos siglos difieren en sus respuestas. Y la crítica a la labor de determiandos reyes, como Felipe II, comenzó antes en España, sin necesidad de acordarnos de Antonio Pérez.
Pero no solamente España, sino la memoria histórica de Castilla, de Asturias, de Aragón... o los nacionalismos de derechos históricos (concepto que no gusta a García Cárcel ni creo que a nadie que no husmee "esencias" por cada rincón): por ejemplo, en Cataluña Wilfredo el Velloso y la relación que tenían de vasallaje con los francos, o Casanova, que no murió... El andalucismo, invento de Blas Infante... Los vascos y su búsqueda de un pasado diferenciador en la Prehistoria (entre los vascos y nadie hay ninguna guerra que destacar, nada glorioso, como si la hay en Cataluña). Al historiador se le nota una simpatía por el nacionalismo catalán o por Aragón o Castilla que no siente por el País Vasco (y lo de andalucismo como invento potenciado por el asesinato de Blas Infante). Aunque advierte que la historiografía catalana de los últimos años continúa anclada más en el mito que por ejemplo la española (Vicen Vives no sale tampoco muy bien parado por sus relaciones con el franquismo: aunque Ricardo García Cárcel juzga a veces pero como alguien que ha conocido esos profesores, que ha vivido esa universidad. Nada de adanismo, de despreciar todos los historiadores que se quedaron en España durante el franquismo.
La leyenda negra, el hispanismo (etiqueta que cree que debe desaparecer por paternalista), Menéndez Pelayo, Americo Castro vs. Sánchez Albornoz, los noventa y ochos, la Guerra Civil y su reflexión de que la simpatía habitual por los perdedores ha hecho que nos representemos mejor de lo que fueron a los republicanos, el exilio y su importante concepción de España (nadie escribió nunca nada tan bello como ese "Pensar tu nombre ahora envenena mis sueños")...

No es un libro polémico, aunque en las más de seiscientas páginas hay material para la polémica en un país que, como explica, ha vivido más tiempo pensando en lo que pudo haber sido que en lo que realmente ha sido: los comuneros, la España posible de Carlos II, el federalismo, la República...
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

La frase 'a hecho' estaría mejor con una hache más.

Jaime Parra dijo...

Mejor,no; bien