viernes, 5 de octubre de 2012

Historiadores y periodistas: el intento de la derecha de criminalizar el acceso universal a la educación superior

Una corriente del pensamiento derechista, con más o menos matices, ha visto en la admisión masiva de jóvenes en la Universidad, que se produce en los años 60, uno de los males de la vida contemporánea: las drogas (antes para una elite de iniciados), el sexo (la minifalda, ay, Mary Quant) y la violencia con su corolario del terrorismo.
En la Región de Murcia se produjo una protesta, una algarada, una agresión... (no estuve, no sé), en el inicio del curso universitario, hecho que dio lugar a que un pijo derechista de la prensa regional escribiera (no recuerdo el nombre, me quedé con la frase): "Ahora que no hay pasta pública los niños mimados se vuelven contra el padre que ya no puede regalarle todo lo que quisiera".
En el artículo señala que el rector y muchos de los profesores (simpatizantes del PSOE, sindicalistas... ya saben) rieron las gracias a los alumnos hasta que estos se han revuelto contra ellos.

Nunca he visto como algo para cantar victoria cuando supuestos izquierdistas en nombre de la libertad de expresión han boicoteado actos de Fernando Savater, Edurne Uriarte o Jon Juaristi.
Pero la protesta (¿qué regala el Estado o la Comunidad Autónoma si la Universidad la pagamos con nuestros impuestos? El Ayuntamiento sí regaló en 2005 a la UCAM 135.000 metros cuadrados de terreno municipal para ampliar sus instalaciones. Un dinero que era de la ciudadanía: los pocos que van a la privada de la UCAM (yo fui) y los muchos que van a la pública) violenta o no (otro día discutiremos sobre la violencia estatal y empresaria, aunque a mí cada vez me resulta más difícil rechazar la violencia cuando a la inmensa mayoría de la población se nos ofrece una muerte lenta: Un grafiti, es violencia), en todo caso fue minoritaria. Pero, como los hechos aislados del 25S, han servido para deslegitimar tanto a los estudiantes universitarios que ven que se les escapa el presente y el futuro como a una gran parte de la población harta de la clase política y sus corruptelas.
Como escribía al principio, el acceso universal a la universidad fue utilizado por historiadores de la derecha para explicar el terrorismo, el uso o abuso de las drogas y el disfrute de los placeres del cuerpo.Tomemos dos historiadores de prestigio, uno de la derecha cristiana y otro de una derecha liberal, Paul Johnson y Niall Ferguson. Nada que ver, por supuesto, con el pijerío murciano que sueña con fichar por las FAES o por la COPE. Pero, inteligencia indudable de los dos aparte, satanizan, sobre todo Paul Johnson, el acceso de todos a la universidad.
Escribe Paul Johnson en el capítulo El intento de suicidio de Estados Unidos: "Incluso más trágica y dolorosa fue la pérdida de las ilusiones acerca de la educación. Sin duda, esta última fue el espejismo fundamental de la década de la ilusión. Era una antigua creencia liberal, popularizada por Macaulay, que afirmaba que solamente la educación universal podría lograr que la democracia fuese tolerable [...] A mediados de los años setenta, una serie de sombríos informes sugirió que el aporte de una educación mayor y más costosa no resolvía ningún problema social. El índice de delitos de niños que recibían educación de tiempo completo aumentó inexorablemente [...] Tampoco pudo afirmarse que la educación promovía la estabilidad; sucedía todo lo contrario. En realidad, este resultado había sido previsto por Joseph Schumpeter [...] La opinión de Schumpeter era que el capitalismo tendía a promover su propia destrucción y lo hacía de diferentes modos. Entre ellos estaba su propensión a crear y después dar rienda suelta, en virtud de su compromiso con la libertad, a una clase cada vez más amplia de intelectuales que, de manera inevitable, representaban un papel socialmente destructivo".
En este punto, saltamos a otro capítulo de Paul Johnson, Los años setenta. Una década colectivista, en el que, tras escribir sobre el incremento anual del gasto en educación superior, sobre todo en ciencias sociales (10 por ciento en Gran Bretaña; más del 11 por ciento en España, Estados Unidos y Japón; el 13'3% en Francia...), señala la importancia que tuvo el estructuralismo entre estos universitarios: "la culminación del estructuralismo coincidió con la desmoralización de Estados Unidos y con la constante expansión del poder y la influencia soviéticos. Reforzó amba tendencias porque el estructuralismo, como el marxismo en que se originaba, era antiempírico y negaba el mundo real a favor del mundo teórico y desechaba los hechos a favor de las explicaciones...".
Una época de jóvenes terroristas los 70 y de universitarios violentos los 60: "Al margen de que los estudiantes fuesen o no los más inteligentes de la historia, en todo caso fueron los más destructivos [...] El gran erudito alemán Fritz Stern observó "el lenguaje excremental" de los activistas estudiantiles y opinó que era la única novedad: el resto reproducía el esquema de la conducta extremista de los estudiantes que condujeron a Alemania aponer a Hitler en el poder".
Terminamos con esta cita de Paul Johnson que consideraba que la expansión bienintencionada de la educación superior (como el intento de obtener justicia para los negros) fue un ejemplo excelente de "ley de efecto involuntario".
También Niall Ferguson escribe sobre juventud, rebelión y violencia en Consumo: "Raramente en tiempos modernos las personas entre quince y veinticuatro años han representado una proporción tan importante de la población como en el decenio posterior a 1968".
Paul Johnson representa a una derecha moralista, indignada, mientra que la de Niall Ferguson es irónico: "Los estudiantes se mantuvieron crónicamente adictos a la cultura popular estadounidense. Los vaqueros -ahora reformados con cinturas bajas y perneras acampanadas-siguieron siendo el uniforme de la rebelión juvenil. Las compañías discográficas continuaron proporcionando la banda sonora". Aunque en el fondo ambos coinciden: "Un movimiento juvenil que propugnaba que se hiciera el amor y no la guerra terminará viéndose asociado a tanta violencia: disturbios raciales en ciudades estadounidenses, aumento de las tasas de homicidio y de terrosimo en Europa Occidental y en Oriente Próximo...".
En 1971 el profesor Louis Kampf dijo que desde 1968 los profesores "los jóvenes ingresan temerosos en la profesión, los viejos ansian jubilarse y los que alcanzaron la edad madura desean que llege cuanto antes el año sabático". Esto por miedo a sus estudiantes.
El ataque a la universidad pública. el apoyo a los concertados y a la universidad privada, parte de un intento (ampliamente aceptado entre capas de la derecha), el de satanizar los 60 y su espíritu libre sobre todo en el plano sexual y de los placeres de las drogas (los proyectos políticos en realidad no daban para mucho los de los sesentayochistas) para acabar con él. Pronto llegará el intento de acabar (ya hubo un ataque, matizado e inteligentísimo de autores como Revel o Furet) a la Revolución Francesa e incluso a la Ilustración.

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