miércoles, 4 de diciembre de 2013

Libres de...

Los plenos de nuestros ayuntamientos resultan en su mayoría aburridísimos. Pesados, sin las gotas de ingenio de algún Castelar se alargan mientras dormitamos. Y gracias a que el parón de la construcción acabó con esos puntos que decían “la modificación de la modificación del plan parcial de…”. Aún así, deberían quitarles hojarasca y reducirlos a la esencia. O nos encontramos con el caso de algún concejal que, cuando no se embelesa escuchándose a sí mismo, le da por tuitear cualquier ocurrencia. Y si eso lo hacen los interesados imagínense sus votantes.


¿Cómo adelgazamos los plenos de entrantes insípidos y nos dedicamos –se dedican- a los asuntos que en verdad les competen?
Imagino que los concejales nuestros, todos ellos, se muestran contrarios a la violencia machista, favorables a la paz en el mundo y a que los niños –sea su clase o condición- puedan escribir una Carta a los Reyes Magos. ¿Por qué aprueban o desaprueban esas mociones simbólicas? Mejor que ni aparezcan en el orden del día. Además, dudo que cuando sus hermanos mayores de Murcia o Madrid les obligan a presentar mociones interpelando al Presidente del Gobierno, éste les haga caso. O les hará el mismo que a Antonio Resines Don Juan Carlos en “Pídele cuentas al Rey”. No niego que a veces produce satisfacción ver como todos a una, como Fuenteovejuna, votan lo mismo… aunque sirva para nada

Ahora ha llegado una nueva moda: declararse “libre de…”: libre de fracking, como Calasparra y Bullas; libre de desahucios, como Bullas. Para titular de un periódico, resulta llamativo y hasta puede aumentar la autoestima: “____ primer pueblo de España contrario a la pobreza”. El segundo pueblo “libre de…” ya no vende. Pero no dejan de ser frases que se lleva el viento. Calasparra puede declararse libre de fracking y Bullas de desahucios. Aunque no estaría de más que advirtieran a sus ciudadanos que no tienen potestad para impedir desahucios o para evitar que perforen sus tierras para extraer gas. Tal vez entonces estos les pidan cuentas sobre lo que sí les compete: aumento de impuestos con peores servicios, jardines, parquines, aceras… lo que hace que una ciudad sea habitable.
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