sábado, 12 de diciembre de 2009

Causas perdidas

En la vida no se tienen más que una, tal vez dos, causas perdidas. Y difícilmente coinciden las de la opinión pública con las tuyas. La mía no es el uso de pieles animales ni la capa de ozono. Tampoco Palestina, aunque me gusta lo bien que queda a algunas mujeres el pañuelo taifa.

Cada año por estas fechas escribo un artículo sobre el Sáhara Occidental y recomiendo un libro de Tomás Bárbulo (aquí una entrevista con el autor); luego archivo los escritos o grabaciones radiofónicas que acumulan polvo (si esto fuera posible) en el disco duro del ordenador hasta el verano cuando varias familias del Noroeste acogen con generosidad a niños saharauís, lo que me da la oportunidad de insistir en un tema que, por desgracia, más que irritar, aburre.
O aburría hasta hace cerca de un mes una activista saharauí comenzó una huelga de hambre que dura casi un mes.
El Partido Popular y algunos periódicos «muy hombres» (perdón por la expresión) no sé lo que quieren: ¿Invocar a Santiago Matamoros como en Clavijo? Es cierto que este Gobierno tiene querencia por los dictadores y que ésta chirría con su pretendida política exterior ética. Pero si cambiamos Castro por Gadafi no hay tantas diferencias entre PP y PSOE: siempre les quedará a los dos Obiang.
Los grupos separatistas han visto su oportunidad y, cambiando el Sáhara por sus comunidades autónomas, ya sueñan con algo parecido a Kosovo. Como también sueña con Kosovo nuestro Presidente, y con un Sáhara Occidental autonomía de Marruecos. Olvida el Presidente que la ONU reconoció al Sáhara como un país independiente en proceso de descolonización. Y olvidan los separatistas que en Yugoslavia murieron miles de personas. Sólo UPyD e IU tienen una postura que no han modificado en el transcurso del tiempo: aunque las posturas éticas son más fáciles cuando no tienes posibilidad de gobernar.
Dicho esto no entiendo por qué está en España Haidar ni qué espera de nuestra sociedad: es una noticia de treinta días, de cuarenta, hasta que muera o ceje en su empeño. Pero nadie de los que ahora se manifiesta votará en las próximas elecciones pensando en el Sáhara Occidental.
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1 comentarios:

Rubén dijo...

¿Recuerdas la fórmula de "la banalidad del mal", con la que Hannah Arendt definió la atrocidad del nazismo? Pues no sé yo si ha caducado o, como la energía, sólo se ha transformado. Quizá a muchos les mueva la triste banalidad del bien. Tú harías un maravilloso artículo con ese título: "La banalidad del bien".