martes, 17 de abril de 2012

Las líneas rojas... la réplica de Viñas a la Academia

En unos días el Gobierno de España del PP ha decidido subvencionar el polémico Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia.
Por las mismas fechas ha aparecido en las librerías En el combate por la Historia, editado por Ángel Viñas, y en el que participan algunos de los más prestigiosos historiadores como Paul Preston, Julián Casanova, Josep Fontana, Hilari Raguer, José-Carlos Mainer…

Aún no he tenido oportunidad de leer este último (he preferido comenzar por otra novedad editorial, Civilización de Niall Ferguson, mi historiador favorito, y pareja Ayaan Hirsi Ali: qué cool son y qué cotilla soy) y existe una diferencia notable: el de la RAH lo pagamos entre todos; este de En el combate por la Historia cuesta 33 euros no subvencionados.
Pero leí la crítica de Jorge M. Reverte en el Cultural de El País y me quedé con ganas de devolverlo: aunque avisa que la mayoría de los historiadores no hacen caso al prólogo de Ángel Viñas y a los últimos capítulos escritos también por Viñas y Reig Tapia (por lo que el diccionario es una obra más que digna), escribe Jorge M. Reverte: "la intención del libro parece mayor, parece marcada por el impulso de definir unas líneas rojas que no pueden ser traspasadas por nadie a riesgo de caer etiquetado en el club de los reaccionarios neofranquistas. Y aquí vienen los problemas internos de coherencia, y los externos cuando, como si de censores se tratara, avisan a todos los demás de hasta dónde se puede llegar. Reig Tapia se atreve incluso a definir a los que no sean obedientes con lo que a él le parece un ingenioso neologismo: sos historietógrafos".
Los combatientes (acierta Reverte al utilizar esta palabra que a ellos les gusta) marcan tres líneas rojas que no traspasar: 1) el Régimen franquista fue el más sanguinario de la Historia (los españoles y su obsesión por batir récord: Hitler, Pol Pot, Stalin, Lenin... probablemente Franco mató más españoles que Hitler alemanes, pero tendríamos que aceptar que los judíos alemanes y los gitanos alemanes y los homosexuales alemanes no eran alemanes); 2) la represión franquista fue organizada y la represión republicana espontánea (algunos de los historiadores que no son historietógrafos como Santos Juliá o Julián Casanova han dado cifras de asesinados por los dos bandos y, aunque en las suyas, los de Franco fueron mayores, ya no se sostiene esa afirmación. El historiador británico Julius Ruiz y su Terror rojo se ha convertido en el nuevo Pío Moa para Ángel Viñas y Reig Tapia cuando su libro (este sí lo he leído ya) tampoco descubre nada sobre la represión en la zona republicana que no se supiera anteriormente); 3) Franco alargó la Guerra Civil para matar más y mejor (pero aquí también ya hemos leído a muchos historiadores, no precisamente franquistas o neofranquistas, y observadores alemanes escribir sobre la impericia militar de Franco o por lo menos para conducir este tipo de guerra: España no participó en la I Guerra Mundial y su experiencia era la columna y Marruecos). 
La Historia (y menos los combatientes o censores varios que han decidido como sacerdotes que verdad no hay más que la suya) no puede trazarse unas líneas rojas: ni el Genocidio armenio, ni el colonialismo o neocolonialismo, ni el franquismo ni la Transición española. Al final solo quedarían listas de los Reyes Godos.
Cada vez me cuesta más pensar en términos de "los míos" y los "otros": leeré este libro con interés porque muchos de los que escriben (también Stanley G. Payne) fueron los primeros que leí sobre la Guerra Civil y la República y porque aparece otra serie de historiadores más jóvenes que desconozco. Pero resulta triste este borrón: Ángel Viñas (quien, a mi entender ya dejaba por prejuicios excesivamente malparadas las figuras de Besteiro y Casado en su trilogía) y Reig Tapia parecen como esos curas y su Índice y sus hogueras. A la calumnia (más que el escaso rigor) del Diccionario de la RAH debería responderse con el rigor académico que, según Jorge M. Reverte, sí se da en el resto de participantes. Parece mentira que todavía escriban de la Guerra Civil como si los partidarios de la República pensaran que pueden ganarla y los partidarios del Régimen franquista con temor a perderla (aunque con razón escribiera Trapiello que "los que ganaron la guerra perdieron los manuales de literatura".

La reseña, imprescindible, de Jorge M. Reverte y ese final donde, a pesar de compartir página con Ángel Viñas y otros en El País, cita a Quevedo: Sobre estas líneas rojas que se trazan con tanto vigor, cabe recordar los versos de Quevedo: “No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”. A estas alturas imagino que se reirá si lo llaman historietógrafo.


Votar esta anotación en Bitácoras.com

0 comentarios: