martes, 14 de agosto de 2012

El periodista y el asesino, de Janet Malcolm: mentiras hasta encontrar la verdad

Janet Malcolm
“Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible”. Así comienza Janet Malcolm (periodista de The New Yorker) su El periodista y el asesino (para la Modern Library, uno de los 100 mejores títulos de no ficción del siglo XX). Aunque Ian Jack en el prólogo discrepa o matiza lo que quiere decir la periodista Janet Malcolm: "La ira de la máxima proviene, en mi opinión, del reproche hacia sí misma y hacia el otro. Lo que Malcolm quiere decir -aunque qué insulsa habría sido la frase de apertura si lo hubiera expresado mejor- es que una forma concreta de periodismo (o escritura de libros, o documental televisivo) se basa en la relación "periodista-sujeto", relación que la autora describe posteriormente como el cáncer que se oculta en el corazón de la rosa del periodismo".


Malcolm recibe una carta del abogado del periodista McGinnis. Este ha sido demandado por el asesino MacDonald, quien le encargó escribir su historia en la confianza de que obtendría un punto de vista favorable, ya que el periodista había fingido su amistad para obtener más información: pero McGinnis lo retrató como un sicópata. 
Y Janet Malcolm decide investigar la relación MacDonald-McGinnis en un relato que toca todos los puntos y que no contenta a nadie quizá porque se trata de un dilema irresoluble: ¿la búsqueda de la verdad o la ética? Pero si el periodista confiesa que no cree al entrevistado, si no disimula su antipatía, ¿este le hablará o se cerrará en banda? McGinnis, por ejemplo, le habla a MacDonald de sus escarceos sexuales para lograr sus confidencias. "El cuento del entrevistado y del escritor es el cuento de Scheherezade con un mal final: en casi ningún caso la persona entrevistada logra, por así decirlo, salvarse", escribe la periodista.
Durante cuatro años, los que tardó en escribir el libro,  Mc Ginnis engañó a MacDonald. En 1987, tres meses después de celebrarse el juicio, se llegó a un acuerdo: el periodista se comprometía a pagar al asesino trescientos veinticinco mil dolares. Y es que, como se lee en el relato de Jane Malcolm, el jurado, en su mayoría, mostraba su antipatía hacia el periodista. 
Janet Malcolm habla, en un principio, con McGinnis, que se convierte así en MacDonald intentando gustar a la periodista; con los abogados, con testigos de la defensa y de la acusación, con miembros del jurado partidario de MacDonald... en un ejercicio duro con una profesión, la de periodista, que no puede ser de otra manera (aunque pueda tener otras formas: la arrogancia de Buckley y Wambaugh, periodistas testigos de la defensa, les pierde, y para el jurado McGinnis rebasa los límites: otro libro de Janet Malcolm, Ifigenia en Forest Hill, es en parte un ajuste de cuentas al sistema judicial americano, fuese o no la doctora quien contrató al asesino de su marido), ya que "Lo que da al periodismo su autenticidad y su vitalidad es la tensión que hay entre la ciega entrega de la persona entrevistada y el escepticismo del periodista. Los periodistas que se tragan por entero la versión de las personas entrevistadas y las publican son, no periodistas, sino publicistas".

PD. El periodista y el asesino, publicado por Gedisa editorial, a un precio de 9 euros.

Votar esta anotación en Bitácoras.com

0 comentarios: