jueves, 15 de noviembre de 2012

Años fugitivos. Crónica personal de Moratalla, los artículos de Pascual García en El Noroeste

Años fugitivos. Crónica personal de Moratalla son los artículos escogidos que ha publicado en El Noroeste el escritor de Moratalla Pascual García desde el año 2007 hasta el 2011. «Los escribí para mi gente, aunque espero que cualquier otro lector pueda hallar en ellos vivencias comunes y la complicidad que el escritor necesita para ver culminada con un éxito relativo su empresa», explica el autor sobre esta obra con la que Gollarín inicia su andadura tomando el relevo de Ediciones Gollarín.

El autor presentará Años fugitivos (libro que ya se encuentra en todas las librerías de la comarca) el lunes día 2 de abril a las 20:30 horas en el salón de actos del Ayuntamiento de Moratalla.

—¿Por qué la elección del título Años fugitivos?
La expresión pertenece a una cita de Marcel Proust que va al frente del libro, pero es evidente que el argumento de la obra es el pasado, la infancia y un tiempo que irremediablemente se ha ido, pero no se ha ido solo como se van todas las cosas y todas las personas, sino que parece que se haya convertido e un personaje oscuro, en un furtivo y se haya fugado de mi propia memoria para siempre. Tengo la impresión de que estas escenas, las anécdotas que cuento y las personas a las que me refiero anden en algún lugar de los días pasados como expulsadas de un paraíso particular; de ahí que no sean solo años idos, sino más bien, años huidos, perdidos o, como el propio título indica, fugitivos.
—¿Comparte aquella frase de Rilke de “la verdadera patria del hombre es la infancia”?
—Yo creo que para bien o para mal, nuestra vida se divide en dos partes, la primera, ésa que nos sucede hasta que tenemos pleno control de nuestra existencia, transcurre de una manera casi inconsciente, sin que podamos hacer nada por modificarla y sin conciencia de lo que está pasando; en la segunda parte, nos dedicamos a reflexionar y a recordar aquellos días que se nos fueron de las manos sin apercibirnos. De modo que la infancia se vive y se recuerda, pero eso no quiere decir que sea un paraíso, como anuncia el tópico, en ocasiones y, según en qué momentos, puede ser un verdadero infierno.
—¿Cómo surge la idea de escribir la serie de artículos para El Noroeste que ahora se recogen con el título Años fugitivos. Crónica personal de Moratalla?
—Hay un artículo casi al principio del libro, que nace como un homenaje a mi amigo Joaquín, Falta uno de nosotros, en el que cuento el duelo, la reunión de los amigos, los lazos personales con el barrio, el origen humilde de todos los que acudimos a su velatorio en una noche de invierno y la importancia de aquellas calles en nuestra vida. Es entonces cuando me doy cuenta de que allí puede estar el germen de una serie de textos que, no siendo un libro de memorias en puridad, conjuguen el tiempo del final del Franquismo y la Transición, en un barrio pobre de un pueblo pequeño; la aventura de las calles, los juegos, las gentes, las costumbres, los callejones y la intemperie del trabajo duro y de un futuro nada esperanzador. Sin olvidar la familia y mi propio aprendizaje vital.
—¿Cómo decidió qué artículos publicar en este libro y qué fotografías seleccionar?
—He llevado a cabo una selección muy rigurosa, porque escribí casi trescientos artículos y de todos he seleccionado la tercera parte, intentando combinar el testimonio de una época, el sentido del humor, la calidad literaria y el interés no solo para mis vecinos y paisanos, sino también para cualquiera que se acerque al libro con el ánimo de disfrutar de una obra que recrea una época muy concreta de la historia cotidiana de  este país, de lo que Miguel de Unamuno llamaba la intrahistoria, con voluntad de hacer literatura. En cuanto a las fotografías, han sido un regalo de mis amigos José Jesús Sánchez Martínez y Gustavo Romera Marcos, además de la foto de mis abuelos que es del archivo familiar, y todas ellas están relacionadas con el contenido, en algún momento, de los textos del libro.
—¿Ha marcado de algún modo el paisaje de Moratalla y sus gentes su manera de escribir?
—Absolutamente, por supuesto. Mi obra, toda ella, las novelas, los poemarios y los libros de relatos, han salido de la entraña de esta tierra, de su paisaje y de su manera de ser y no podrían ser entendidos en otro lugar, al menos no del mismo modo. No lo he hecho de un modo consciente, pero con el paso de los años me he ido convenciendo de que me fui de Moratalla, entre otras cosas, para poder escribir con cierta distancia de ella, de su realidad y de su mito, y que es eso lo que he estado haciendo en estos últimos treinta años.
—¿Y su manera de vivir?
—Hace más de tres décadas que salí de mi pueblo, aunque no he parado de volver de una manera intermitente, pero los primeros valores, los que cuentan de verdad, esa primera luz que nos sorprende, porque es la luz del mundo,  siguen estando en aquellos días de la infancia y en aquellas calles del barrio de El Castillo en Moratalla. Luego mi trabajo me ha llevado por diversos sitios, he leído algunos libros y he conocido a mucha gente; he publicado una docena larga de títulos y tengo una familia a la que adoro. Pero los que me conocen en Murcia saben que he nacido en Moratalla y que sigo escribiendo sobre ese ámbito, porque es el que verdaderamente me interesa; en el fondo, es el único que me importa. Pero aunque en este libro he partido de lo particular, del barrio y del pueblo, yo creo que la trascendencia es mayor y lo que pretendo es que pueda entenderse en cualquier sitio, en cualquier época y por cualquier persona, no solo en el pueblo del que surge. Así fueron concebidos En busca del tiempo perdido, Don Quijote de la Mancha o La Metamorfosis. A mucha distancia, mi libro no renuncia tampoco a lo universal.
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