martes, 28 de octubre de 2014

¿Tu comercio amigo en Caravaca?

Un comercio de una céntrica calle en Caravaca de la Cruz, donde entra una joven visiblemente embarazada; tras realizar unas compras pide ir al aseo: la dependienta se niega: “política de empresa”, se justifica. Hubiera podido en esta columna omitir que la joven, que es de Bullas, se gastó su dinero allí; también omitir su avanzado estado de gestación -aunque cualquier mujer que haya pasado por un embarazo o su pareja conocen bien las urgencias-, también pudiera haber obviado la localidad. Aunque he preferido no hacerlo, ya que a la joven, en una tienda cercana de Caravaca, DRUNI, sí le permitieron entrar al aseo. Omito en cambio el del comercio “poco amigo”: tal vez efectivamente la política de la empresa sea impedir a los clientes usar el aseo, tal vez el rasgo de inhumanidad de la dependienta no sea tal, sino una familia que mantener y un jefe esclavista que vigila todos sus movimientos desde la distancia a través de una cámara. 


En Caravaca de la Cruz también (repito ciudad para que la joven, mi amiga, decida regresar ya con su bebé), en la cafetería San Antonio de la Plaza Tuzla, muchas veces, mientras saboreamos una cerveza aprovechando el sol de octubre, le pido al camarero que caliente el potito para mi bebé. Más de una vez nos ha dicho que lo calienta sin necesidad de tomar nada.Escribo ahora de biberones y potitos porque, en algún chiringuito de playa, con los consabidos “el baño solo es para clientes”, he visto otros letreros en que advierten que no calentarán la comida del  nene o cobrarán por esos treinta segundos o un minuto, dependiendo del microondas.Nada parecido he encontrado aún ni en Caravaca ni en Murcia capital: he pagado mi consumición y los camareros amablemente han preparado la comida. Quiero pensar que, en caso de salir de casa  sin dinero, se ofrecerían, como hizo el camarero de la cafetería San Antonio, a calentármelo. Quien haya escuchado llorar a un niño hambriento sabe que, al igual que las necesidades de una mujer embarazada, no es cuestión de “aguanta que en media hora estamos en casa”.En Caravaca de la Cruz un comercio (y con ese otros si su enfado la lleva a no volver a la localidad) ha perdido uno o más clientes, ya que en su Facebook sí indicó el nombre del establecimiento poco amigable. Pedimos, con razón, que compren en nuestra ciudad: si tú arreglas aquí tu calzado,  el zapatero a su vez comprará aquí los libros del colegio de sus niños; el librero con los beneficios sus muebles; el...; insistimos en que los establecimientos de las ciudades suelen ser fríos, sin alma... pero como no recuperemos la hospitalidad, cuyo significado del griego sería  “amor a los extraños” y en latín “recibir a los invitados”, nada nos distingue de esos emporios que se están llevando todo el comercio de nuestros pueblos y con él nuestra juventud que sabe que, aunque quisiera, no tiene futuro en el barrio, ya no pueden crecer juntos.
Una dependienta que impide que utilice el aseo una embarazada no es la bienvenida que los forasteros esperan recibir de los caravaqueños y sus comerciantes. Espero que mi amiga no se quede solo en ella, sino también en las vendedoras de DRUNI o en el camarero de San Antonio, quienes por cierto muestran mayor inteligencia a la hora de llevar su negocio.
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