martes, 31 de julio de 2012

Apátridas: Coe vs. Ovett


Guor Marial, refugiado de la guera de Sudán de Sur

Los Juegos Olímpicos parecían tocados de muerte. Corría el año 1980 y, tras la invasión de Afganistán por parte de los soviéticos, muchos países, entre ellos Estados Unidos e Inglaterra, decidieron no participar en las Olimpiadas que se celebraban en Moscú. Pero los países no compiten, sino hombres y mujeres. Y fueron dos británicos, Sebastian Coe (del mismo partido que Margaret Thatcher, la ministra que impuso el veto) y Steve Ovett (llegó a correr con una camiseta con la hoz y el martillo), quienes acudieron al rescate. Lo cuenta Santiago Segurola en uno de sus excelentes artículos deportivos recopilados en Héroes de nuestro tiempo. Una rivalidad en dos actos, unos 800 y unos 1.500 metros, que convirtieron los Juegos Olímpicos en el acontecimiento deportivo más importante que se puede presenciar.

Parecía tras el desmoronamiento soviético que los Juegos Olímpicos serían ese lugar donde celebrar (desde nuestro sillón) las proezas de los nuevos héroes: los Thorpe, Phelps, Bolt, la jovencísima nadadora Ye Shiwen… Pero los periódicos continúan con el ranquin de medallas por países (una nueva Guerra Fría, esta entre China y Estados Unidos), la rivalidad se confunde con enemistad y en «esta España mía, esta España nuestra» los mismos que medían «su» éxito por las victorias de la Selección Española viven una depresión olímpica que más les valdría transformar en rabia cuando a la vuelta de vacaciones les comuniquen que han perdido trabajo, vivienda, pan para sus hijos… la posibilidad de una vida diferente a la de un perro.
Coe y Ovett

En Londres compitieron cuatro apátridas bajo bandera olímpica, entre ellos Guor Marial, un refugiado de la Guerra de Sudán del Sur. La rivalidad bien entendida obliga a mejorar: solo Steve Ovett sacó lo mejor de Sebastian Coe; solo Carl Lewis obligó a Mike Powell a superar a Bob Beamon o ese prodigio de Phelps en Pekín a superarse a sí mismo a Lochte en Londres y a Yannick Agnel a eclipsar a los dos…  No espero un futuro donde todos los hombres participen bajo bandera olímpica ni mucho menos el fracaso de los atletas españoles este verano. Pero cierta satisfacción encuentro en saber que tanto vendepatrias español que se vendió como salvapatrias difícilmente tendrá con quién fotografiarse cuando llegue septiembre y sus votantes le exijan pagar la cuenta de tanta promesa incumplida, ahora sí, sin una mala medalla que echarse a la boca.

800 metros, Moscú 1980: la primera de las dos finales que marcaron las Olimpiadas

 

 El segundo y último acto, los 1.500 metros, entre Sebastian Coe y Steve Ovett

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2 comentarios:

Mikel-Miguel dijo...

La hipocresía de los gobiernos británico y estadounidense no conoce límites.
Este año debía haber ocurrido un boicot con más motivo, tras largos años de invasión.
Digo con más motivo porque los soviéticos fueron provocados para entrar en guerra, no con Afganistán en sí, sino con los yihadistas financiados por occidente.

Saludos.

Jaime Parra dijo...

De esos polvos les vienen estos lodos: crearon el mayor criadero de terroristas que se les volvió en contra. Un saludo