jueves, 23 de enero de 2014

Aquellos hoteles de Europa


“A Franco le dejaron entrar a pesar de ser, en sus horas libres, guionista de cine”. Manu Leguineche, en Hotel Nirvana, recogió esta y otras anécdotas. El Ritz, por ejemplo, tenía aversión a hospedar a actores y  actrices: James Stewart tuvo que alojarse como general de las Fuerzas Armadas norteamericanas; Grace Kelly hizo valer su condición de princesa de Mónaco; Laurence Olivier entró como Sir y a George Sanders le negaron la entrada… 
Ahora que ha muerto Leguineche, lo habitual es recordar al periodista que cubrió tantísimas guerras. A ese no lo conocí. Supe de este otro que mezclaba presente y pasado de una Europa que por lo menos en sus hoteles era internacional: la del Ayestarán de Pamplona, donde Hemingway dormía en sanfermines; la del Pera Palas de Estambul, que presumió de esconder a Agatha Christie cuando ésta se marchó de casa al descubrir una infidelidad marital y por unos días su caso pareció digno de Poirot; el Sacher de Viena, donde se hospeda Rollo Martins, el protagonista de El tercer hombre
Una Internacional Europea solo para ricos, en hoteles que aún existen pero sin aquellos personajes que la distinguieron, como el propio Leguineche, quien, nacido en 1941, aún conoció a muchos de ellos y de los que habla en este puzle de historias que se devora (repasando mi ejemplar, veo anotada la receta del ajoarriero que al autor de Fiesta le facilitó el dueño de Casa Marceliano y que llevaba siempre encima quejándose de que ninguna de sus muchas mujeres supo o quiso hacérsela) más que leerse. Esa Europa desapareció, pero sigue presente la que cierra Hotel Nirvana en el capítulo “La Condesa Descalza”: la de los emigrantes y refugiados que huyen de la miseria y la guerra (“entramos en Francia sin dinero ni documentos. Nos dieron pan blanco y queso”, escribió O. J. Xirau). El periodista visita en Colliure el Hotel Bougnol Quintana donde murió Machado. Lo encuentra cerrado y, como antes y después otros, deja flores en la tumba del poeta.
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1 comentarios:

Santiago dijo...

es un buen libro, recuerdo que lo lei en la horita de viaje que tuve en uno de mis vuelos a Buenos Aires desde Comodoro Rivadavia. me hizo recordar mis experiencias en europa.