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martes, 29 de octubre de 2013

Que no le pase a la España con ETA como cuando Blas de Lezo derrotó a los británicos

¿Esperanza Aguirre quiere ser nuestra Le Pen?
ETA ha perdido. La sentencia del Tribunal de Estrasburgo es la prueba. Escribe en El País Francisco Mercado (Cuando la democracia derrotó a ETA), y no hace falta más que este párrafo para darse cuenta de la enormidad de su derrota. No es que no lo supiéramos, pero no se puede decir más claro:
"¿Es un honor volver a Euskadi en el mismo tren que el violador del pueblo al calor de los efectos provocados por la sentencia sobre la doctrina Parot?".

domingo, 13 de enero de 2013

El vodevil Chávez

Ivian Sarcos, con el presidente Chávez
«Poético como el cáncer de Esperanza Aguirre», rapea Riot Propaganda (Los Chikos del Maíz más Habeas Corpus). ¿Igual de poético resulta el cáncer del venezolano Hugo Chávez?
Bromas de mal gusto aparte (¿realmente es de mal gusto bromear sobre el cáncer de Esperanza Aguirre cuando su partido puede ser el responsable de que no se detecte el cáncer de mama a miles de mujeres; cuando en no mucho tiempo solo ella y los Carromeros de su partido podrán pagarse la sanidad privatizada?), lo cierto es que lo de Venezuela parece un culebrón... venezolano con tintes de vodevil. 

martes, 22 de mayo de 2012

Declaraciones como las de Espe Aguirre pueden traer otro Zabaleta

Aitor Zabaleta, asesinado cuando fue con su novia al fútbol
La relación entre política y fútbol viene de largo; desde que el fútbol se convirtiera "no en una cuestión de vida o muerte; es mucho más importante que eso", como dijo Bill Shankly, entrenador del Liverpool.

jueves, 25 de marzo de 2010

Rebeldes reaccionarios

Foto de Samuel Sánchez publicada en El País
Jóvenes universitarias madrileñas se rebelan en 2010 (por supuesto, están en su derecho) porque no quieren colegios mayores mixtos. La verdad, no sé qué tiene de malo. Pero ellas protestan. Como eran muchas las jóvenes en Francia que protestaban contra el matrimonio homosexual.

viernes, 19 de marzo de 2010

Rebelión e intromisión

Esperanza Aguirre es una comediante nata: tanto que uno espera siempre con simpatía sus próximas actuaciones. Debaten los parlamentarios catalanes sobre prohibir o no el toreo y ella lo declara Bien de Interés Cultural. Mientras, privatiza la enseñanza y la educación. Pero subvencionar los toros no parte su corazón de «liberal». Días después interpreta otro papel, el del teniente coronel Riego sublevándose contra Fernando VII – Zapatero, y llama a la rebelión contra la subida del IVA. ¿No es un contubernio de socialistas e independentistas el que va a desmembrar España? Por si acaso ella pone su granito de arena. Tal vez recordó las lecturas de juventud de Menéndez Pelayo, el retroceso de España «al cantonalismo de los arévacos y de los vetones, o de los reyes de taifas», y se ha adelantado en Madrid a la desbandada general. El PP ve esta rebelión simbólica, por no decir de broma. Pero qué gran broma nos ha gastado esta mujer que de Ministra de Deseducación tiene todas las papeletas para llegar a ser Presidenta de Gobierno.
En el otro lado del banco, el Partido Socialista sigue demostrando lo claro que tiene aquello de la separación de poderes, el rollo ese que nos soltaban de Montesquieu de chicos. José Luis Rodríguez ya declaró cuando se celebraba un juicio contra De Juana Chaos que su condena no era oportuna para el proceso de paz con ETA, presionando así a los jueces. Ahora que el Supremo ha imputado al juez Garzón como prevaricador, destaca la valentía de este. Palabras además banales cuando todos sabemos que él y otros jueces de la Audiencia viven con escolta amenazados por terroristas y narcotraficantes. El Presidente debió hablar de su propia falta de valentía: la de no derogar la Ley de Amnistía si es lo que exigía su electorado y su conciencia. Pergeñó en su lugar la de Memoria Histórica que no ha contentado evidentemente a los otros, pero tampoco a los suyos. Prueba de ello es que varias asociaciones de familiares de asesindos tuvieron que recurrir a Garzón para que se hiciera justicia. Pero ésta no puede depender de la valentía (o prevaricación) de un solo hombre.